El calor sigue sin darnos tregua, así que continuamos con el mismo
planteamiento: por la mañana nos acercamos a Robinj, una preciosa
localidad costera en la que, a diferencia de Porec y Pula, el encanto
reside más en la propia localidad y sus callejuelas que en sus restos
arqueológicos.
Después de comer, decidimos pasar la
tarde en Rossini, donde hemos leído que se va a celebrar una especie de
fiesta de la sandía. Pasamos la tarde comiendo sandía y comída típica de
la zona, y haciendo algo de convivencia con los lugareños.
