03 de agosto

La península de Istría, en la costa dálmata, se caracteríza por su estrecha relación con Italia, y en concreto, con el Imperio Romano. En nuestro primer día, sobreponíendonos a las temperaturas (cercanas a los 40º), ponemos rumbo a Pula, famosa sobre todo por su anfiteatro.

En el centro de Pula, la mayoría de los parkings son de pago. Para pagar, puedes hacerlo en las máquinas que hay (sólo admiten monedas) o puedes acudir a un quiosco, indicando la zona de parking (tienen un número, el puerto es la número 4) y el tiempo. El precio depende de la zona, pero era alrededor de 8 kunas (algo más de un euro).

Justo al lado del puerto se encuentra el anfiteatro, uno de los seis mayores y mejor conservados. Realmente impresiona. Se puede visitar por dentro, pero todo lo importante se puede ver paseando desde fuera.

Desde ahí nos dirigimos hacia el comienzo de la calle peatonal que circunda el centro antiguo de Pula. Pasamos frente a las Puertas Gemelas (otro resto de los romanos) que dan acceso a las galerías subterráneas de ZeroStrasse), y comenzamos el paseo desde el Arco del Triunfo, al comienzo de la calle Sergijevaca. La otra posibilidad es iniciar el paseo por la calle Kandlerova.

En el paseo, puedes encontrar más restos romanos aparte del Anfiteatro y el Arco. A mitad de camino de la calle Sergijevaca, antes de llegar al Foro, junto a un parking a mano derecha, hay un enorme mosaico romano, apenas señalado. Luego, en el propio Foro, y junto al ayuntamiento, está el Templo de Augusto.


Regresamos a comer a casa y, por la tarde, para reponernos del calor de la mañana, nos acercamos a las cercanas y medio vírgenes playas de Lanterna, donde nos refrescamos antes de poner rumbo a la cercana Porec, también rica en arqueología Romana. Bajamos por la vía Decumana (repleta de gente) y al llegar a la Torre Pentagonal, giramos a la derecha, dando con el paseo del puerto. En Porec, la visita a la Basílica, con sus impresionantes mosaicos, es ineludible. La entrada cuesta 10€, y los niños entran gratis.